Gracias a la ciencia y la gerontología, la esperanza de vida es cada vez mayor y esto nos lleva a reflexionar: ¿Cómo prepararnos para nuestro envejecimiento? ¿Cómo enfrentar la vejez de mis padres? ¿Cómo mejorar la calidad de vida? Muchos nuevos desafíos nos esperan y espero en este espacio poder ayudar a que todos tengamos un envejecimiento pleno y lleno de vida...
Tarde o temprano, llegará: ¡la batalla contra el tiempo, ya está perdida! Así que mejor preparémonos para disfrutar cada minuto...
Cariños,
Elia
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martes, 26 de febrero de 2008

Cuando los hijos no nos hablan

Pregunta:
Tengo 86 años, vivo en una residencia geriátrica, ya que no puedo auto-sostenerme y mis dos hijos viven ambos en diferentes países.
Particularmente a uno de ellos hace diez años que no lo veo. Al comienzo por un tema de documentación que no podía salir del país donde trabaja y luego decidió no volver a Argentina. Hasta hace dos años, hablábamos semanalmente por teléfono, hasta que en una de esas conversaciones, algo sucedió como disparador, él se enojó mucho conmigo y me reprochó cosas que habían sucedido a lo largo de la vida. Después de cortar la comunicación no volvió a llamarme y cuando yo lo hago, él no me atiende.
Mi pregunta es: ¿Cómo hago? A esta altura ya deseo morir en paz, mi cuerpo ya se rinde, pero no puedo hacerlo porque quiero despedirme de él.

Respuesta:
Tengo dos sugerencias posibles:
1) Pedirle a algún familiar o amigo que pueda oficiar de mediador con su hijo y pedirle que lo haga, para que usted pueda despedirse de la manera más amorosa posible. Agrego esto de amorosa, porque si continúan discutiendo sobre el tema que provocó la ruptura es muy posible que se acreciente la distancia y quizás la ruptura sea definitiva.
2) Prepararse, es decir practicar como debiéramos hacer todos para aceptar y perdonar todo aquello que no sea amoroso.
Su hijo tendrá razones más o menos valederas, pero usted como ser único e irrepetible debiera poder dedicarse durante el resto de vida que le queda a despedir todos los malos entendidos, los rencores y los actos negativos, y así dejar a su corazón libre de sombras para realmente morir en paz.
Es la herencia más sabia que sus hijos pueden recibir. Se lo haya podido decir o no.

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