Hablé con mi hijo para ver cómo estaba porque sabía lo que para él significaba el "Rey del Pop", simplemente me dijo: “Vos no lo podés entender.”Si bien estoy acostumbrada a que mi hijo piense que yo “voy para atrás”, hemos aprendido a respetarnos y me quedé pensando en su respuesta.
Claramente tenía razón, yo a Jackson lo juzgaba; de alguna manera no le admitía esa desesperación por torcer la realidad. Un negro de cincuenta años con todas las características genéticas correspondientes, transformado en un blanco de treinta y cinco patético, si bien además de lástima me despertaba alguna duda relacionada con la veracidad o no de su perversión con los menores, su apariencia para mí muy desagradable no me dejaba casi espacio para contactar con su alma a través de la creatividad de sus temas, su canto y su danza.
Caí en la trampa del espejo, dar por obvio que lo que él nos muestra es lo que él es, y ahí me di cuenta de que quizás Jackson, cayó en lo mismo. Dedicó los últimos veinte años a tratar de que su cuerpo refleje a través de cirugías y todo tipo de tratamientos artificiales lo que él sentía que realmente era.¡Le estalló el corazón! No se puede transitar la vida con semejante disociación entre el inexorable paso del tiempo, y el querer detenerlo manipulándolo hasta límites intolerables, con nuestro corazón saliendo indemne.
Destruyó al vehículo de su alma pura, de su luz y de su arte. Su alma, como coinciden todos, seguirá en esta Tierra. El cuerpo físico no pudo, porque cuando se lo maltrata, se rompe y él no era una excepción.
Aprendamos de su experiencia, para practicar aceptación de lo que muestra el espejo, porque ese cuerpo es sólo el vehículo del alma. Rechazarlo suele terminar en tragedia.
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