
La medicina nos otorgará esa longevidad soñada, pero nunca será ni con paz interior ni con sabiduría, si seguimos sin tomar la responsabilidad que tenemos de ser modelos para nuestros jóvenes.
Y allí está nuestro Maradona, al que a pesar de que hicimos todo lo posible por transformarlo en un héroe, sigue tomando el peor modelo de sus mayores: el de los gobernantes, violentos, llenos de rencor y vengativos. De pronto vemos a nuestros ídolos transformarse en anti-ídolos.
Parte del desenfreno, descontrol y falta de rumbo de nuestros jóvenes es por la carencia que nosotros padecemos de no haber encontrado y ni siquiera buscado, en la mayoría de los casos, el sentido de nuestras vidas. ¿Qué les dejamos a nuestros hijos, en términos de haber mejorado lo que recibimos de nuestros mayores?
Mientras no tomemos conciencia de nuestras faltas, de nada servirá juzgar la conducta de los chicos y ni siquiera llorarlos nos traerá paz.
[Foto Camilo Devis]