Gracias a la ciencia y la gerontología, la esperanza de vida es cada vez mayor y esto nos lleva a reflexionar: ¿Cómo prepararnos para nuestro envejecimiento? ¿Cómo enfrentar la vejez de mis padres? ¿Cómo mejorar la calidad de vida? Muchos nuevos desafíos nos esperan y espero en este espacio poder ayudar a que todos tengamos un envejecimiento pleno y lleno de vida...
Tarde o temprano, llegará: ¡la batalla contra el tiempo, ya está perdida! Así que mejor preparémonos para disfrutar cada minuto...
Cariños,
Elia
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jueves, 10 de noviembre de 2011

Chabana, desde Japón

Es un tipo de arreglo de Ikebana que se usa exclusivamente para la ceremonia del té.

Los que tenemos varias décadas ya deberíamos saberlo pero por las dudas, lo comento por la sencillez y profundidad que implica.

Se hace con flores silvestres que transmitan sencillez y humildad. Si es posible evitar las flores muy abiertas, porque pierden el misterio. Muchas veces se elige la que anticipa la estación que está llegando, o al contrario, se intenta destacar la última de la temporada.

Este es un homenaje que el anfitrión le hace al invitado, para que a través del arte del arreglo, sean conscientes que ese será un momento único e irrepetible, efímero como el material que se usó.

Con respecto a la base, no debe competir en color, sino sólo contener, por lo que se recomiendan canastitas o vasijas de barro o también puede usarse algún viejo jarrito arrumbado en un estante, porque es sinónimo de experiencia, es decir, el momento presente contenido en lo vivido.

Si están pensando que para los que viven en grandes urbes resulta un poco ajeno, les cuento que cuando mi Maestra de Ikebana me invitó y vi el arreglo, sonriente le pregunté ¿a dónde había ido a buscar los materiales? ¡”Sencillamente a la vía del ferrocarril, que está a tres cuadras! Ahí tenés para elegir…”

Hagamos del Chabana una práctica diaria, humildad, arte, momento presente, amor al otro. Nos ayudará a transitar la longevidad que estamos logrando.

sábado, 5 de noviembre de 2011

La Muerte de la Conversación

Acabo de leer en internet que a la entrada de algunos restaurantes europeos les decomisan a los clientes sus teléfonos celulares.

Según la nota, se trata de una corriente de personas que busca recobrar el placer de comer, beber y conversar sin que los ring tones interrumpan, ni los comensales den vueltas como gatos entre las mesas mientras hablan a gritos.

La noticia me produjo envidia y de la buena.

Personalmente, ya no recuerdo lo que es sostener una linda conversación de corrido, larga y profunda, tomando café o chocolate, sin que mi interlocutor me deje con la palabra en la boca, porque suena su celular.

En ocasiones es peor.

Hace poco estaba en una reunión de trabajo que simplemente se disolvió porque tres de las cinco personas que estábamos en la mesa empezaron a atender sus llamadas urgentes por celular. Era un caos indescriptible de conversaciones al mismo tiempo.

Gracias al celular, la conversación se está convirtiendo en un esbozo telegráfico que no llega a ningún lado.

El teléfono se ha convertido en un verdadero intruso.

Cada vez es peor.

Antes, la gente solía buscar un rincón para hablar.

Ahora se ha perdido el pudor.

Todo el mundo grita por su celu, desde el lugar mismo en que se encuentra.

No niego las virtudes de las TIC´s ni de la comunicación por celu. La velocidad, el don de la ubicuidad que produce y por supuesto, la integración que ha propiciado para muchos sectores antes al margen de la telefonía.

Pero me preocupa que mientras más nos comunicamos en la distancia, menos nos hablamos cuando estamos cerca.

Me impresiona la dependencia que tenemos del teléfono.

Preferimos perder el DNI que el móvil, pues con frecuencia, la tarjeta SIM funciona más que nuestra propia memoria.

El celular más que un instrumento, parece una extensión del cuerpo, y casi nadie puede resistir la sensación de abandono y soledad cuando pasan las horas y este no suena.

Por eso quizá algunos nunca lo apagan.

¡Ni en cine! He visto a más de uno contestar en voz baja para decir: "Estoy en cine, ahora te llamo".

Es algo que por más que intento, no puedo entender.

También puedo percibir la sensación de desamparo que se produce en muchas personas cuando las azafatas dicen en el avión que está a punto de despegar que es hora de apagar los celulares.

También he sido testigo de la inquietud que se desata cuando suena uno de los timbres más populares y todos en acto reflejo nos llevamos la mano al bolsillo o la cartera, buscando el propio aparatito...

Pero de todos, los Blackberry merecen capítulo aparte.Enajenados y autistas.
Así he visto a muchos de mis colegas, absortos en el chat de este nuevo invento.

La escena suele repetirse.

El Blackberry en el escritorio.

Un pitito que anuncia la llegada de un mensaje, y el personaje que tengo en frente se lanza sobre el teléfono como loco.

Casi nunca pueden abstenerse de contestar de inmediato.

Lo veo teclear un rato, masajear la bolita, y sonreír; luego mirarme y decir: "¿En qué íbamos?".

Pero ya la conversación se había ido a la mierd... No conozco a nadie que tenga Blackberry y no sea adicto a éste.

Alguien me decía que antes, en las mañanas al levantarse, su primer instinto era tomarse un buen café.

Ahora su primer acto cotidiano es tomar su aparato y responder al instante todos sus mensajes.

Es la tiranía de lo instantáneo, de lo simultáneo, de lo disperso, de la sobredosis de información y de la conexión con un mundo virtual que terminará acabando con el otrora delicioso placer de conversar con el otro, y frente a frente.

ANÓNIMO

Este artículo si bien tiene mucho de cierto, no termina de convencerme, porque esta exaltación de las conversaciones mano a mano, no me parecen tales, venimos de largos períodos de juzgar a la gente por falsa, porque dice una cosa por otra, porque exagera, porque seguimos conversando por inercia, pero muchas veces nos hemos distanciado muchísimo filosóficamente hablando inclusive desde el corazón.
 
Cada vez más pienso que los actos no son ni buenos ni malos, sino que somos responsables cada uno de cómo transitar esta querida vida. Quizás ha llegado el momento de cambios tan grandes, que incluya cambiar viejas relaciones. Si mi viejo amigo interrumpe la charla, tres veces para atender su Blackberry por adicción y no por emergencia, es una oportunidad para que yo empiece a conocer gente nueva, con valores semejantes que podamos compartir hoy.
 
Ser responsables, nos hace más queribles!! A quien quiera que le toque disfrutarlo.

viernes, 28 de octubre de 2011

Entrevista en Canal 26

Mañana sábado estaré en Canal 26 en el programa "El Diario del Sábado" a partir de las 11 hs. de la mañana.

Será una charla interesante y espero que la disfruten.

Elia

jueves, 27 de octubre de 2011

Fauja Shingh, maratonista a los 100 años

Hace unos días leí una nota adjunta al pie, que habla de este hombre de origen Hindú, que comenzó a correr a los 80 años, luego del fallecimiento de su mujer.

42 Kms en 8 horas.

Lo admirable es que nos regala el secreto para una larga vida, digna de ser vivida.

“Estar libre de estrés, ser agradecido con lo que se tiene, mantenerse alejado de la gente negativa, sonreír y correr.”

Proponernos practicar sus sugerencias, no parece ser tan difícil ¡¡¡Gracias Fauja!!!

Nota en el Diario Clarín

viernes, 21 de octubre de 2011

Dora Baret

Hay dos formas de vivir: Lo mejor que podés o lo peor que podés.
La elección es patrimonio tuyo

Actriz argentina consagrada y hoy dedicada a la docencia, atravesando un proceso canceroso dice:

“Durante estos últimos años tomé real conciencia de estar transitando esta tercera etapa de la vida y siento que cumplí con todas las otras. Si bien mi vida fue dura, con muchos obstáculos que fui transformando en pistas, siento que disfruté a mi manera de cada paso. Y en esta tercera etapa siento que estoy encontrando la forma de disfrutar; y no pasa por buscar que no se note o negar la edad, sino por hacerme cargo. Porque si me quedo peleando por tener las otras etapas no disfruto de ésta, y yo siento que lo estoy haciendo con mi nieta, con mis hijos y conmigo.

Siento que esto que soy con 71 años es producto de lo que fui al pasar por cada una de las etapas y que esos obstáculos, que algunos fueron muy duros, hicieron que hoy sea lo que soy.

Yo fui operada de cáncer dos veces y creo que el estar viviendo plenamente esta etapa, el hacerme cargo de ella y el comprometerme y disfrutar de la vida que me toca hace que yo pueda vivir mi trabajo con el cáncer.

Por eso no sólo hablo de la edad sino del cáncer, y repito esa palabra porque la gente tiene hasta miedo de nombrarla.

Entonces para mí es importante hablar, porque muestra que se puede. Hay algo que se dice generalmente de la felicidad: que es por momentos. Yo creo que es un estado, el tema es la confusión de las interpretaciones. Para mí la felicidad es algo que elegís, es una filosofía de vida.

Eso no quiere decir que no haya momentos dolorosos, pero la felicidad tiene que ver con agradecer que estés vivo y con elegir disfrutar de la vida, y para mí la vida es un gozo. Volvería a vivir todas las instancias de mi vida, porque aún en las más difíciles y dolorosas sentí la felicidad de estar viva”

Gracias Dora Baret, por ser tan transparente y permitirnos con tu experiencia transformar también nuestros obstáculos en “Pistas”!!!

Publicado en La Cita Banco Supervielle 10/2001

sábado, 8 de octubre de 2011

Bendiciones para ELSA AGRAS

Una de las clowns más viejas del mundo, que a los ochenta largos años decide crear el grupo de Danza 40-90, que hoy tiene más de 60 integrantes.

La gente participa para reencontrar o seguir el camino de la alegría y el juego. ¡Y lo logran al por mayor!

Más allá de lo que esta mujer significa como modelo de vejez para el Nuevo envejecer, coincido con su idea: que la alegría es un camino; yo agregaría: una decisión, y puede ser ¡por suerte!, sin retorno!!!

Yo heredé de la familia paterna, el secreto de transitarlo. ¡Gracias!

Todavía tengo tías de más de 90, que siguen riendo cada día, aunque la vida les haya propinado diferentes golpes y sacudidas.

Por favor, lea esta magnífica nota: http://www.semanario.com.ar/ed_1680/nota_03.htm