Gracias a la ciencia y la gerontología, la esperanza de vida es cada vez mayor y esto nos lleva a reflexionar: ¿Cómo prepararnos para nuestro envejecimiento? ¿Cómo enfrentar la vejez de mis padres? ¿Cómo mejorar la calidad de vida? Muchos nuevos desafíos nos esperan y espero en este espacio poder ayudar a que todos tengamos un envejecimiento pleno y lleno de vida...
Tarde o temprano, llegará: ¡la batalla contra el tiempo, ya está perdida! Así que mejor preparémonos para disfrutar cada minuto...
Cariños,
Elia
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sábado, 12 de marzo de 2011

Mayores al volante

Me resultó muy interesante este artículo que salió en el Diario “El Mundo” de España, pues referido a la posibilidad de seguir manejando extendiendo lo más posible los límites, lo encuentro esperanzador para muchos. Los adelantos científicos juegan a favor de esto. Aún así, sigo reivindicando el sentido común. Una cosa es alguien, como aquí mencionan, que necesita viajar todos los días algunos kilómetros, y que quizás no dispone en el lugar de otro tipo de transporte, y otra muy diferente es vivir en zonas urbanas, como en Buenos Aires o Madrid, con un tránsito enloquecedor, con taxis o remises para donde uno mire a precios razonables y se siga insistiendo con la idea de que “si me sacan el auto me muero”.

Es cierto que en general son los hijos los que insisten en el tema, de ahí la expresión “me sacan”, por eso es bueno tener en cuenta que los hábitos nos quitan libertad, porque nos sentimos vulnerables si tenemos que interrumpirlos por cualquier razón.

Dejar de manejar, por saber que tenemos disminuciones físicas, claramente nuestros reflejos no serán los mismos. La posibilidad de tener un accidente está a cualquier edad, pero quizás sea la sabiduría de las muchas décadas la que nos guíe para dejar de hacer cosas de riesgo, solamente por no darnos cuenta, o no querer aceptar que ¡estamos grandes!

A los hombres que durante años han estado homologando, auto con virilidad, con caballos de fuerza, con velocidad de respuesta… les digo que siendo un hombre íntegro, que no deja afuera ninguna circunstancia, ni siquiera la del paso del tiempo, también tiene su encanto.