Gracias a la ciencia y la gerontología, la esperanza de vida es cada vez mayor y esto nos lleva a reflexionar: ¿Cómo prepararnos para nuestro envejecimiento? ¿Cómo enfrentar la vejez de mis padres? ¿Cómo mejorar la calidad de vida? Muchos nuevos desafíos nos esperan y espero en este espacio poder ayudar a que todos tengamos un envejecimiento pleno y lleno de vida...
Tarde o temprano, llegará: ¡la batalla contra el tiempo, ya está perdida! Así que mejor preparémonos para disfrutar cada minuto...
Cariños,
Elia
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sábado, 13 de diciembre de 2008

La nueva vejez

Transcribo una entrevista que me hizo Paola Galano para el diario La Capital de Mar del Plata, en mi paso por la Feria del Libro.

Aceptar que la vejez es un proceso inexorable y empezar a prepararse para esa etapa de la vida es la mejor manera para reducir los conflictos que supone la longevidad, hecho clave de la medicina actual.
Así lo señaló la psicóloga Elia Toppelberg, autora de varios libros ligados a la vejez el último de los cuales es “Estoy envejeciendo…¿Qué hago?.”

La psicóloga reconoció que empezó a indagar en los efectos del paso del tiempo a partir de su propia experiencia con su madre Carmen, una mujer que vivió en su casa marplatense hasta su muerte.
“Ella empezó a tener señales difíciles, complicadas, severas” contó. “Y mi madre era un encanto, macanudísima, pero igual nos resultaban difíciles muchas situaciones de la vejez. Entonces me dije - Si a mí se me hace difícil aún llevándonos muy bien y lo tomábamos con humor, podría escribir de forma autorreferencial, pero no desde el lado del psicólogo como maestro ciruela “.

Para la especialista, ese rol del terapeuta que se aleja de los problemas comunes y que opta por dar respuestas a sus pacientes terminó por generar confusión. “Pareciera que unos tienen problemas y que otros no, y en realidad todos tenemos dificultades. Lo del psicólogo fue un malentendido: en los congresos y seminarios hablamos de lo que le pasa a la gente como si nosotros mismos fuéramos ET. Por eso decidí escribir”, explicó.

Así involucrada en su propio proceso de envejecimiento, y en el de su familia, la mujer proyectó sus dilemas en sus libros, siempre con una alta cuota de humor,, que hace más llevadero el tema. Ya editó “Mi madre envejece… ¿Qué hago?, “Mi marido envejece… ¿Qué hago?, Mi padre envejece… ¿Qué hago?-

-¿El humor es la mejor forma de abordar el tema de la vejez?
-Te diría que es la única forma, sin humor es durísimo, difícil, complicado, terrible- El humor es algo que nos permite aliviar el sufrimiento, nos junta. Eso de reírme de mí misma, de mis contradicciones. Yo estoy llena de contradicciones.

-¿Qué implica prepararse para la vejez?
-Supone una preparación física, desde ya, pero también mental y espiritual. Seguir negando la vejez no nos deja hacer estas proyecciones, esta prevención. Durante mucho tiempo no nos hicimos cargo de nosotros mismos. No nos detuvimos a pensar que somos artífices de nuestra vida y que la vida es un trámite personal, y que soy yo la responsable. Soy yo la que tiene que llegar a los 90 años. Lo mejor es ser consciente que el paso del tiempo es una batalla perdida, es inexorable, aunque parezca una frase hecha.

-¿Siempre resultó difícil entrar en la vejez o este es otro elemento nocivo que tiene la sociedad actual?
-Siempre fue súper difícil, fijate que en este momento la sociedad nos dice que tenemos que ser jóvenes, pero cuando yo era chica y no nos perseguían con eso, las mujeres no decían la edad. Esta parece ser una tara que viene de mucho tiempo atrás. Lo veo personalmente, por eso escribo desde mí, para testimoniar, no para hacerme la canchera.
Hace poco me dieron el asiento en el colectivo y con mi hija nos quedamos paralizadas. Son impactos, tengo sesenta años y me quedo desorientada con esas cosas, me dicen jubilada, me dan el asiento…todo eso me impacta. Pero la diferencia es que me ejercito en la aceptación del paso del tiempo. Realmente soy mucho mejor persona hoy que hace diez años, tengo menos miedos, más tolerancia. Eso fue gracias al paso del tiempo, porque si a los 20 o a los 30 eras diferente te querías ahorcar.

-¿Quiénes enseñan a ser viejos?
-Es que se perdió la idea del viejo dando ejemplos. ¿Cómo aprendo a ser viejo? Con los viejos alrededor, con los modelos, con el que está cercano a mí. Los viejos quieren ser jóvenes y no nos dan ejemplos de las ventajas del paso del tiempo.

-¿Aceptar el propio paso del tiempo hace que sea menos crudo ver la vejez de otros, la de los padres por ejemplo?
-Ese es el punto. Cuando empiezo a darme cuenta de que no tengo 15 años, sino 40 o 50, puedo ver que junto con la edad tengo un combo de experiencias, de errores y de amor que me vuelve a partir de lo que di. De esa manera respeto el paso del tiempo de todos.

-¿Negar la vejez esconde el miedo a la muerte?
-Absolutamente, hay quienes me dicen que no, que podría ser la necesidad de seguir con la cultura del consumo, eso de que vas a ser feliz si sos joven, eso de que te prometen una vida maravillosa si te ves joven. Pero en realidad hay un gran desconocimiento, de la muerte no se habla porque si la mencionas la estás llamando. Mi madre me decía “la muerte no es mi tema” y estaba viejita, pesaba 35 kilos. Y yo le decía, “en casa de herrero cuchillo de palo”. La vida y la muerte son casi los únicos temas.

-¿Cómo imagina un nuevo paradigma de vejez?
-El nuevo paradigma es aceptar esto que hay, aceptar la realidad, no podemos seguir viviendo con lo que a mí me gustaría que haya. Hacerme cargo de mi longevidad y aceptar que es mi decisión que la vejez sea una bendición o una pesadilla.

[Foto de AiMac]

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