Termino mi viaje aquí, en Bangkok, una ciudad atestada y agobiada por el tránsito. Al tener un tren aéreo, literalmente el tránsito “se ve” casi detenido en las horas pico. Lo único simpático es que las compañías de taxi se distinguen por el color, de manera, que se ven largas pinceladas violetas, azules, amarillas, verdes… pero lo más atinado -si es que se quiere llegar a algún lado- es tomar una moto-taxi, porque va esquivando el atascamiento, aunque aumente los riesgos.

Las grandes urbes, aunque diferentes, cada vez se están pareciendo más, al menos en lo inviable de vivir en ellas con alguna calidad de vida.
Después de tantos años vividos con la mira en “las luces de la ciudad”, ha llegado el momento de pensar en posibilidades de vivir en el interior.

Algo que facilitó la mudanza es la discutida tercera edad, con el retiro, y los hijos grandes.
Aunque se lo vea de muy difícil implementación, vale la pena jugar con la idea, por ahí… llega el momento.
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